eBook Gigoló habanero, Ray Bolivar Sosa
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GIGOLÓ HABANERO 

por el autor   Ray Bolivar Sosa


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ISBN: 0001413535542
Tema: Cómics - Cómics
Editorial: Ray del Bolivar Sosa
Fecha publicación: 2005
Idioma: Español
Formato electrónico:  PDF  (522KB)

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eBook US$ 2.91
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Reseña

Sorprendente historia permeada de unos personajes con un agudo toque existencialista, donde no falta la soledad, el aislamiento voluntario, la locura, el suicidio, el amor, los proyectos, la ambición, la política y el vértigo vital en todas sus variadas gamas, texto que invita a un recorrido por la Habana acompañados unas veces por Lezama y Carpentier, salpicado de un monólogo rico y cuasiomnipresente que nos desvela una peripecia espiritual e intelectual intensa, desquiciada, variopinta, sensual, furibundamente antropocéntrica. Literatura psicológica e introspectiva que abreva de las fuentes dostoyevskianas, que la convierten en una de las voces más auténticas de la literatura cubana. ...El español que tiene delante debe de haber tomado bastante para no darse cuenta de nuestro filtreo. Si es su primera visita a Cuba, debe de estar celebrando la buena suerte de encontrarse con una mujer como la que tiene delante. Pobrecito, en Cuba se pagan caras las ilusiones, si los norteamericanos son expertos en vender basura de la peor calidad como el mejor producto del mercado, los cubanos no nos quedamos atrás en aquello de vender a cualquiera un desperdicio de persona, de la forma más ingenua que pueda imaginarse. Y todavía se creen que las ligan, sí señor, cómo no. La mulata se levanta, es joven y sensual, se cerciora de que su hombre continúa ajeno y pide fuego como si quisiera morderme la vida. Pablo la saluda y nos presenta. La joven intercambia unas palabras con él, dice que está cansada. ¿Por qué no vienes con nosotros? La interrumpe, el rostro de la muchacha mejora, va hasta la otra mesa y platica con el español. El extranjero camina rumbo al baño. Marta se instala en nuestra mesa, espera su regreso con una impaciencia sobreactuada que no le va tan mal. La miro, debe de tener dieciocho o veinte años. Me observa con disimulo como quien no quiere la cosa, rozo su mano, no hace el menor movimiento así que repito la acción. Pablo me da una patada por debajo de la mesa. Me revienta el dolor y estoy a punto de gritarle algo verdaderamente desagradable cuando me percato de la presencia del español, cuyos movimientos son lentos y torpes. A Marta se le acentúa la palidez en la cara pero en seguida se transforma, ¡qué actuación! Hago como los demás...

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