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Esta es una extraordinaria historia de amor, o sea de celos de sexo, de traiciones, de muerte y tambien de las debilidades y paradojas de la vida cotidiana de dos parejas cuyos destinos se entrelazan irremediablemente. Guiado por la asombrosa capacidad de Milan Kundera de contar con cristalina claridad, el lector penetra fascinado en la trama compleja de actos y pensamientos que el autor va tejiendo con diabolica sabiduria en torno a sus personajes. Y el lector no puede sino terminar siendo el mismo personaje, cuando no todos a la vez. Y es que esta novela va dirigida al corazon, pero tambien a la cabeza del lector. En efecto, los celos de Teresa por Tomas, el terco amor de este por ella opuesto a su irrefrenable deseo de otras mujeres, el idealismo lirico y cursi de Franz, amante de Sabina, y la necesidad de esta, amante tambien de Tomas, de perseguir incansable, una libertad que tan solo la conduce a la insoportable levedad del ser, se convierten de simple anecdota en reflexion sobre problemas filosoficos que, afectan a cada uno directamente, cada dia.
Opiniones de los lectores
Citas de Muchoslibros
El Falso Poder de la Humanidad
De:
Juan Pablo
-
vdlbooks@cantv.net
- Venezuela
Cita:
En el mismo comienzo del Génesis está escrito que Dios creó al hombre para confiarle el dominio sobre los pájaros, los peces y los animales. Claro que el Génesis fue escrito por un hombre y no por un caballo. No hay seguridad alguna de que Dios haya confiado efectivamente al hombre el dominio de otros seres. Más bien parece que el hombre inventó a Dios para convertir en sagrado el dominio sobre la vaca y el caballo, que había usurpado. Sí, el derecho a matar un ciervo o una vaca es lo único en lo que la humanidad coincide fraternalmente, incluso en medio de las guerras más sangrientas. Ese derecho nos parece evidente porque somos nosotros los que nos encontramos en la cima de esa Jerarquía. Pero bastaría con que entrara en el juego un tercero, por ejemplo un visitante de otro planeta al que Dios le hubiese dicho: «Dominarás a los seres de todas las demás estrellas», toda la evidencia del Génesis se volvería de pronto problemática. Es posible que el hombre uncido a un carro por un marciano, eventualmente asado a la parrilla por un ser de la Vía Láctea, recuerde entonces la chuleta de ternera que estaba acostumbrado a trocear en su plato y le pida disculpas (¡tarde!) a la vaca.
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